Yo soy la salvación de mi
pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier tribulación en que me llamen
y seré siempre su Dios.
Salus pópuli ego sum,
dicit Dóminus. De quacúmque tribulatióne clamáverint ad me, axáudiam eos, et ero illórum Dóminus in perpétuum.
Oremos:
Te pedimos humildemente, Señor, que conforme se acerca la fiesta de nuestra
redención, crezca en nosotros el fervor para celebrar santamente la Pascua de
tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Este es el pueblo que no
escuchó la voz del Señor, su Dios
Lectura del libro del profeta
Jeremías
7, 23-28
Esto dice el Señor:
"Esta fue la orden que di a mi pueblo: Si obedecen mi voz, yo seré su Dios
y ustedes serán mi pueblo;
sigan fielmente el camino que yo les he mandado para que sean felices.
Pero ellos no escucharon ni hicieron caso; siguieron las inclinaciones de su
corazón endurecido; me dieron la espalda y no la cara.
Desde el día en que sus antepasados salieron de Egipto hasta hoy les envié a
mis siervos, los profetas. Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que
endurecieron su corazón y fueron peores que sus
antepasados. Cuando les comuniques todo esto, no te escucharán; cuando los
llames, no te responderán. Entonces les dirás: Esta es la nación que no escucha
la voz del Señor su Dios y no aprende la lección. La verdad ha desaparecido de
su boca".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 94, 1-2.6-7.8-9
Señor, que no seamos sordos
a tu voz.
Utinam hódie, vocem
Dómini audiátis
Vengan, cantemos alegres al
Señor, aclamemos a la Roca que nos salva. Entremos en su presencia dándole
gracias, aclamándolo con cantos.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie, vocem
Dómini audiátis
Entremos, postrémonos para
adorarlo, arrodillémonos ante el Señor, que nos ha hecho. Porque él es nuestro
Dios y nosotros su pueblo, ovejas que él apacienta. ¡Ojalá
escuchen hoy su voz!
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie, vocem
Dómini audiátis
"No endurezcan su corazón
como en Meribá, como el día de Masá
en el desierto: cuando me tentaron sus antepasados y me pusieron a prueba, a
pesar de haber visto mis obras".
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Utinam hódie, vocem
Dómini audiátis
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor. Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a
mí, que soy compasivo y misericordioso.
Nunc ergo, dicit Dóminus, convertímini ad me in toto corde vestro,
quia benígnus et miséricors sum. J1 2, 12-13
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
El que no está conmigo, está contra
mí
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
11, 14-23
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús estaba
expulsando un demonio que era mudo. Cuando salió el demonio, habló el mudo y la
gente quedó maravillada. Pero algunos dijeron:
"Expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los
demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que
conocía sus malas intenciones, les dijo:
"Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa
por casa. Si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su
reino? Ustedes dicen que yo expulso los demonios con el poder de Satanás. Ahora
bien, si yo expulso los demonios con el poder de Satanás, sus hijos, ¿con qué
poder los expulsan? Por eso ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo expulso
los demonios con el poder de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado
a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están
seguros. Pero si viene otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en
que confiaba y reparte el botín.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo,
desparrama".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Preserva, Señor, a tu pueblo de toda
maldad para que sus ofrendas te sean agradables; no permitas que nos entreguemos
a los falsos placeres, para que podamos alcanzar la recompensa prometida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los frutos del ayuno
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro
espíritu, nos fortaleces y recompensas, por Cristo, Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria,
unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente
tu alabanza:
[Misa]
Tú promulgas tus preceptos
para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre al
cumplimiento de tu voluntad.
Tu mandásti mandáta tua custodíri
nimis: útinam dirigántur viae meae ad custodiéndas iustificatiónes tuas. Sal 118, 4-5
Oremos:
Señor, que la gracia de tu salvación que hemos recibido en este sacramento,
transforme toda nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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